Una generación de narcisos

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Cortesía de www.freedigitalphotos.net

Primero yo, segundo yo, tercero yo. Así podrían definir algunas personas a la generación de jóvenes nacidos entre 1982 y 2000 aproximadamente. Es mucho lo que se ha dicho sobre los “millennials” (ese es el nombre que le han puesto); en Internet existen publicaciones que los atacan y otras que los justifican. Aunque “millennials” es un término en inglés que principalmente se refiere a esta generación de jóvenes en Estados Unidos y que en parte explica su idiosincrasia debido a la recesión económica que ha vivido ese país,  creo que la discusión es válida para Latinoamérica.

En mayo de este año la revista TIMES publicó un artículo llamado “The Me Me Me Generation”. En el Joel Stein calificaba duramente a los millennials usando adjetivos como  narcisos, perezosos, superficiales y egocéntricos. Las reacciones no se hicieron esperar en rechazo o defensa. Como siempre, creo que no está bien simplificar los fenómenos y sacar conclusiones muy rápidas o que busquen generalizaciones. Como siempre creo que frente a lo complejo, es importante incluir en el análisis varias miradas. Con ese fin en mente escogí el tema de esta semana, no tanto con la intención de sentar una posición en relación con qué tan buenos somos (o son porque las especificaciones de las edades varían de autor en autor y por eso no se si hablar de nosotros o ellos) sino más bien con la idea de simplemente reflexionar un poco sobre esto.

Al pensar en el tema una de las primeras cosas que se me viene a la cabeza es que el llamado “narcisismo” de los millennials tiene que ver con una respuesta de sus padres a educar bajo un esquema diferente al temor  y al autoritarismo el cual a veces tenía implicaciones negativas a nivel psicológico. Podría denominar este tipo de crianza como la del tributo a la autoestima a como de lugar. En varios de los artículos que leí me llamó la atención una expresión que usaban sus autores. En español sería algo así como que los millennials son la generación de los trofeos. Creo que la expresión explica perfectamente mi descripción de la crianza en el sentido en que se refiere a que esta generación recibía trofeos por todo: por participar, por esfuerzo, por simplemente estar ahí, lo cual pudo haber tergiversado el real significado de lo que es el reconocimiento y el construir una sana autoestima. Lo anterior sumado a que esta generación cuenta con Facebook, Twitter, Instagram y las demás redes sociales las cuales permiten mostrarle al mundo ese egocentrismo y recibir reconocimiento a cambio.

En unas de las publicaciones que leí, se sentía una especie de apatía con respecto a lo que los millennials son capaces de lograr y al impacto que pueden tener sobre la sociedad.  Para muchos las expectativas no son muy altas.  Algunas de las críticas o preocupaciones tienen que ver con que carecen de habilidades sociales por el alto uso de dispositivos tecnológicos, les falta conciencia sobre los demás por el egocentrismo con el que se les identifica, tienen una personalidad altiva y  se sienten empoderados,  no respetan las figuras de autoridad, no son tan estables en los trabajos como lo solían ser sus antecesores, gastan más de lo que ganan o tienen y viven con sus padres aún siendo adultos jóvenes. Sin embargo, y aunque siempre hay que reconocer que puedo tener una visión limitada,  mientras leía pensaba en tantos casos de personas jóvenes que ocupan altos cargos, que emprenden con iniciativas importantes y exitosas a edades tempranas y que tienen personalidades que dejan huella  y les permiten vivir múltiples experiencias que los hacen ser bastante interesantes.

Yo no soy partidaria de  hacer generalizaciones o juicios negativos sino más bien ser lo más objetiva posible y poder rescatar lo positivo, lo negativo y así pensar en un balance. ¿Qué sería entonces lo que las generaciones que les  siguen deberían rescatar y qué no? ¿Qué sería lo que los niños más pequeños, deberían aprender de ellos? Para intentar responder a que se debería rescatar tengo que hacer alusión a algo que leí en el Huffington Post lo cual me encantó y además comparto.  Simone N. Sneed dice que esta generación busca, redefinir lo que es el éxito, buscar propósito en lo que hacen y  alinear sus pasiones con su día a día. Para mí  esto quiere decir que buscan vivir la vida disfrutándola, que no quieren vivir para trabajar  sino disfrutar de lo que hacen y convertir su forma de ganarse la vida en algo que los llene más que en una obligación. Los millennials también son seres humanos abiertos a la diversidad, (una encuesta del Pew Research Center muestra como son más abiertos a las diferentes razas) y además aceptan y manejan el cambio con mayor facilidad. Tienen carácter y desafían las maneras tradicionales de funcionamiento de la sociedad, en otras palabras, no “tragan entero”. Personalmente creo que esas generaciones  entendieron que tienen el mundo a sus pies y que las oportunidades, si así lo quieren, son todas.

En cuanto a lo que le enseñaría distinto a mi hijo, creo que sería muy importante el rescatar el respeto por la autoridad. No creo que se debe “tragar entero” como se dice coloquialmente pero si creo que los niños deben saber donde están los límites y cuando no es bueno traspasarlos. Creo también que la tecnología no puede desplazar el valor del contacto humano, las conexiones y los vínculos reales. Los niños y adolescentes deben aprovechar todos los beneficios de la tecnología pero no dejar a un lado la interacción adecuada con sus semejantes. Tampoco creo que se deba confundir la idea de querer disfrutar de lo que se hace y alinear la existencia con las propias pasiones, con una falsa idea de obtener las cosas fáciles, sin disciplina y esfuerzo. A su vez considero que el reconocimiento no puede ser automático sino que se debe ganar y que de vez en cuando descentrarse un poco y pensar más en los demás no le sentaría mal  a nadie.

El artículo del TIMES tenía como imagen una adolescente tomándose una foto con su celular. Pareciera que si hubiera muchos narcisistas  enamorados de ellos mismos publicando y compartiendo fotos de cómo se ven,  de lo que hacen y lo maravillosa que es su vida. A veces pareciera que quisieran popularidad o hasta aprobación  a través de la Web. Talvez algunos se reduzcan a esto pero creo que hay bastantes más que no se quedan ahí sino que intentan ir más allá y superar las expectativas de los que no son muy optimistas y no esperan mucho de ellos. Puede ser que lo que ocurra es que lo estén haciendo en formas que desafían las prácticas tradicionales.

Por Mariángela Rodríguez Badel – mariangelabadel@gmail.com

 

 

 

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