¿Se siente cansad@ de ser mamá o papá?

Cortesía de www.freedigitalphotos.net

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Cada niño es un mundo y por eso cada proceso de crianza lo es también. Desde que nacen los seres humanos plantean a sus cuidadores retos que varían de acuerdo a las características de cada uno y a diversas circunstancias del contexto. De esta manera los padres “luchamos” diferentes “batallas”. Por ejemplo están las de los niños que cuando son pequeños no comen bien, los que son malgeniados y voluntariosos, los que no duermen o los que hacen pataletas o berrinches.  En la etapa escolar se pueden pelear batallas con los que son retraídos o los hoy en día llamados “bullies”, los que no hacen tareas,  o los indisciplinados. Más adelante vienen las batallas más temidas por muchos; las de los adolescentes que pueden ser temperamentales, rebeldes, e impredecibles. Así mismo puede haber circunstancias (económicas, de pareja, familiares) que le suman a dichas batallas cierta complejidad.

Las anteriores son solo algunas en las que puedo pensar. Sin embargo creo que todas tienen un común denominador. No solo producen cansancio físico (especialmente las que se dan con niños muy pequeños) sino que también desgastan emocionalmente por el tipo de vínculo (único e indescriptible) que se forma con un hijo. Quizás, es esto lo que más fuertemente impacta  a un papá o una mamá ya que de cierta manera sentimos que dichas batallas amenazan el bienestar al que tanto aspiramos para su vida.

En algunos momentos  (o en muchos aunque no nos atrevamos a decirlo) el día a día de la crianza puede lograr que nos sintamos abrumados y sin energía para seguir adelante con la misma intensidad. Puede ser el cansancio de estar agachado tras su hijo que aprendió a caminar y que además se empezó a despertar por las noches con miedo, el de lidiar con sus pataletas, el de llegar a ayudar a hacer tareas luego de un día intenso de trabajo, o el de recoger en una fiesta a las 2:00 a.m. un viernes tras concluir una semana de mucho estrés. Así, esta agitada cotidianidad  del día a día logra desdibujar el sentido o propósito principal de lo que para cada uno es ser papá o mamá.

Si bien ser papás es la misión y responsabilidad mas importante que una persona  puede tener, eso no nos hace de hierro ni nos quita la condición de seres humanos. Por eso es necesario darse permiso de aceptar. Como lo he dicho en otros artículos considero que la aceptación es poderosa. Aceptar que en algunos momentos se siente abrumado, agotado y frustrado no lo hace un mal padre o madre. Permítase  reconocer que hay cosas que no le satisfacen del todo (vale la pena aclarar que aceptar con culpa no ayuda), con hacerlo no le está haciendo mal a nadie, ni siquiera a sus hijos. Un hijo es el mejor regalo que la vida le pudo dar pero también es el reto más grande ya que todo su corazón está involucrado.

Cuando se sienta abrumado pare y recuerde cuál fue la razón por la que decidió tenerlos, ¿cuál era el sentido que para usted tenía ser padre?  Si por diversas circunstancias no logra conectarse con esto, la pregunta puede ser ¿qué es lo que quisiera para la vida de su hijo o hija? ¿cuál es su propósito principal ahora que es papá o mamá? El preguntarse por el sentido ultimo de la educación y la crianza recupera la perspectiva y provee una mirada a largo plazo. Podría decirse que proporciona un norte hacia donde caminar, el cual le permite abstraerse de la cotidianidad y recuperar fuerzas.  No creo que el objetivo de dicho ejercicio sea sentir que sus procesos son perfectos.  Si hay cosas que mejorar, dicha toma de perspectiva refresca y lo puede ayudar a seguir dando lo mejor de sí mismo.

Todo lo que he mencionado me lleva a pensar en lo delgada que puede ser  la línea que separa el disfrutar el hecho de ser papá de perder el placer de serlo. Así como peleamos batallas  con los hijos  también estamos peleando otra simultánea contra el tiempo que pasa rápido y se lleva todas las etapas. Ya que de plano esa es una batalla perdida intentemos “perderla” de la mejor manera posible. Intentemos aprovechar al máximo la experiencia de ser papá o mamá reconociendo las bondades y dificultades del proceso; deteniéndonos cuando sea necesario y respirando profundo para recuperar el norte que a veces suele confundirse con los afanes del mundo moderno.

Por: Mariangela Rodriguez Badel

mariangelabadel@gmail.com

 

 

 

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