El fenómeno de los niños y adolescentes adultos

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Cortesía de www.freedigitalphotos.net

Con la variedad de teorías que a través del tiempo han surgido en relación con cuáles son las mejores pautas de crianza,  existe tanta información, que en ocasiones  los padres y educadores se abruman y confunden. La tarea de encontrar un buen libro sobre paternidad en una librería puede ser extenuante; ni hablar de la búsqueda de libros o artículos virtuales. Como es natural, a lo largo de la historia se han discutido múltiples posturas en relación con el tema, que han pasado de contemplar al niño como un ente pasivo al cual los adultos tienen que llenar de conocimiento, a asumir en la práctica que por los afanes de la vida moderna el niño es capaz de tomar responsabilidades que no le corresponden.

Yo claramente, no tengo la teoría definitiva ni la verdad absoluta en cuanto a cómo educar a los niños de hoy (de hecho creo que no existe UNA verdad), pero en este artículo me gustaría reflexionar sobre cómo sin darnos cuenta atribuimos a los niños y jóvenes características de adultos que no son capaces de asumir lo cual puede afectarlos negativamente. ¿A qué me refiero con esto?  A que esperamos que nos ayuden con decisiones que no están listos para tomar, a que olvidamos que somos los adultos los que tenemos el criterio para abordar ciertas situaciones y a que a veces les transmitimos información que no están listos para procesar. Creo que en cierta medida esta tendencia viene como respuesta a  las épocas de la educación basada en el autoritarismo, donde el niño prácticamente no tenía ni voz ni voto en la vida familiar y donde en muchas circunstancias casi que era anulado.

Es común escuchar a los padres, abuelos y adultos en general, hablando de lo inteligentes que son los niños de hoy. A menudo nos sorprendemos con muchas de sus respuestas y nos parece que tienen un “chip” bastante más sofisticado que el nuestro. Yo estoy de acuerdo. Los niños de hoy en día son diferentes. Pero para mi, esto no es más sino una respuesta adaptativa de la especie para enfrentar el mundo moderno. ¿Dicha característica significa que dejan de ser niños? Creo que lo que a veces ocurre es que confundimos inteligencia con madurez y ahí es donde empezamos a hacer atribuciones que para mí son incorrectas. Pensando en esto, me encontré con las ideas de  Rosa Barocio, que  una parte de su libro Disciplina con Amor,  explica esto mejor que yo. Refiriéndose a los niños dice lo siguiente. “Pueden ser muy inteligentes, tener una sabiduría que nos asombra por su profundidad, pero eso no quiere decir que puedan manejar sus vidas o que tengan la madurez para tomar decisiones importantes. Porque la madurez es resultado de la experiencia, es decir, de asociar causa y efecto y poder recordarlo”. Estoy completamente de acuerdo con dicho planteamiento. Un ejemplo claro que ilustra este punto es lo que ocurre a veces con niños que tienen inteligencia superior, pero que en el ámbito emocional y social necesitan mucho apoyo.

Para ahondar un poco más en lo anterior creo que es importante pensar en qué tipo de  atribuciones pueden darse  en el día a día. Más concretamente creo que el análisis tiene que ver con qué tanto decidimos integrar el mundo del adulto con el del niño. ¿Qué decisiones les ponemos a tomar? ¿Pueden decidir que tantos chocolates comen? ¿Pueden decidir hasta qué horas ver televisión? ¿En qué casas de amigos quedarse a dormir? El querer y el deseo no pueden ser suficientes criterios para dejarles escoger. A veces se puede, pero no siempre. También creo que todo esto tiene que ver con cómo y en qué momento les presentamos el mundo adulto. Cuando ven los noticieros o nos escuchan hablar de  cómo el amigo de nuestra amiga dejó a su esposa por otra, ¿qué tanto están pudiendo realmente procesar? Personalmente pienso que no se trata de esconderles o adornarles la realidad  sino de presentárselas de tal manera que la puedan asimilar de acuerdo al momento de desarrollo en el que estén.  

Todo lo anterior también aplica para los adolescentes. Esta, creo que es una etapa que pone muchos retos en cuanto a qué responsabilidades dar y cuáles no. En este momento de la vida hay que dar ciertas libertades pero no todas y el entender esa tarea pone a prueba el criterio adulto. Cuando un adolescente de 15 años pide permiso para hacer un plan con los amigos que no creemos vaya a ser lo suficientemente protegido, quienes tienen el criterio para poder decidir que no va son los adultos a su alrededor. Por la forma como se expresan y argumentan lo que quieren, a veces nos confunden y nos hacen pensar que tienen el mismo criterio nuestro pero en algunas ocasiones no es así. A veces la frase “todos fuimos adolescentes, todos pasamos por ahí” aplica para conectarnos con lo que disfruta un joven, pero no aplica para determinar que le conviene más. Si con la madurez que tenemos ahora viviéramos la adolescencia por segunda vez, estoy segura de que la experiencia sería en muchos aspectos, muy diferente.

En este punto creo que es pertinente hablar de la expectativa de independencia en los niños. Esta es una expectativa de la educación moderna y en ningún momento pretendo decir con este artículo que esto es inadecuado. Para mí,  educar para la independencia quiere decir respetar las etapas de desarrollo de cada niño y usar nuestro criterio adulto para ayudarles a cumplir con las tareas típicas de cada edad, logrando que sean recursivos y se desenvuelvan en el mundo de manera satisfactoria, sin depender de los adultos en aspectos en los que no lo necesitan.

Debemos tener en cuenta que sin importar el siglo en el que estemos o la tendencia en educación que esté prevaleciendo, hay una diferencia entre el criterio adulto y el del niño. Es necesario tener  la sensatez necesaria para así poder transmitir seguridad con respecto a las decisiones que tomamos. Permitirles a los niños ser niños no es asumir que son pasivos o que tenemos que anularlos sino que por el contrario es algo respetuoso con su proceso.  El reto como todo en la vida es poder encontrar un balance sano, y aunque  no existe una receta exacta porque cada familia tiene escalas de prioridades diferentes, el sentido común si es algo a lo que todos podemos acudir en pro del desarrollo positivo de nuestros hijos. 

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