¿Cuántas tragedias más se necesitan?

Cortesía de www.freedogotalphotos.net

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Los cambios culturales y sociales toman tiempo.  Se que el hecho de que una sociedad adquiera mayor conciencia sobre algún asunto es una transformación que no es inmediata. Entendiendo lo anterior y sabiendo que hay que darle tiempo al tiempo, había preferido  (no se si de manera ilusa) ser optimista creyendo que sí se ha aumentado la conciencia de las personas en cuanto a lo peligroso que es manejar cuando se ha tomado alcohol. Sin embargo el leer y oír las noticias sobre lo que pasó hace unas semanas con el señor Salamanca y sus víctimas, me ha devuelto a la triste realidad y a pensar que lamentablemente lo que para muchos es inconcebible a estas alturas del partido, para otros aún (por increíble que parezca) no tiene mayor trascendencia.

Una desilusión adicional me he llevado al pensar que el responsable de esta tragedia pertenece a la generación de la cual se esperaría que todos los esfuerzos que se han hecho, hubieran tenido algún efecto. Es una decepción pensar que alguien de 23 años no haya evolucionado en ese sentido. Es inconcebible que cualquier ser humano  independientemente de su edad, tome una decisión como ésta (porque , el manejar con tragos es una decisión muy consciente), pero que una persona de 23 años lo haga resulta para mi aún bastante más frustrante.

Hace días venía pensando en que quería escribir sobre el tema. Tal vez por hacer mi propia catarsis al respecto pero también por reflexionar sobre lo ocurrido. Mis intenciones se encontraron con un artículo (muy recomendado) escrito por Sergio Ocampo Madrid, columnista del diario La República que se titula “Fabio, el niño del Audi que no tuvo la culpa”. Entre otras cosas el artículo hace alusión a como la generación de jóvenes que ronda los 25 años son producto de unas formas de crianza con las cuales se les daba mucho poder y en donde la autoridad cobró otro significado. Ocampo cuenta como una amiga de Fabio Salamanca en una audiencia gritó que lo ocurrido había sido un accidente y que él por lo tanto no tiene la culpa. Según el columnista esto es reflejo de ese pensamiento propio de dicha generación en donde “se quiere pasar rápido la página” y se asume que por ser un accidente Salamanca debe ser exonerado de toda culpa. Grave error.

Siempre me he sentido defensora de las nuevas generaciones, pero creo que vale la pena cuestionarse si esto es algo en lo que hay que trabajar para los niños que vienen.  Es formación de carácter básica, el entender que todo acto tiene una consecuencia que es necesario asumir. Creo también que es fundamental entender que el tener buena intención o el no tener mala intención no siempre funcionan como  un salvavidas. Probablemente Salamanca no tenía la intención de matar a dos personas y dejar en una crítica situación a otra; no obstante sí sabía que al manejar su carro a 140 kilómetros por hora con nivel 3 de alicoramiento lo convertía en un peligro.

¿Así que cuántas tragedias más necesita usted? Si ya tuvo suficientes quiere decir que su conciencia está bastante desarrollada en este sentido. A veces pienso en la propia tragedia que la familia Salamanca debe estar viviendo y no me alegro, lo siento por ellos. Desafortunadamente todos y principalmente Fabio tendrán que asumir la consecuencia de su acción, tal vez haber tenido más presente lo anterior en el momento de tomar las llaves de su carro hubiera evitado que tuviera que pasar por este trágico evento para ojalá haber aprendido una lección.

Personalmente pienso que es necesario ser absolutamente radical con este tema. Los que somos padres y/o tenemos algo que ver con jóvenes y niños tenemos la responsabilidad de seguir trabajando por aumentar ese nivel de conciencia y superar por fin esa práctica que aunque en unas épocas fue usual y “normal”, para mí, en este momento, es sinónimo de una mentalidad arcaica y absurda. Debemos seguir siendo agentes activos de ese cambio social. No queda más sino conservar la esperanza de que con nuestro esfuerzo, las generaciones de niños y jóvenes que están creciendo puedan ser superiores a nosotros en ese y ojalá en muchos otros sentidos.

 

Por Mariángela Rodríguez Badel

@mariangelabadel

mariangelabadel@gmail.com

 

 

 

 

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