Este es en honor a Juan Pedro.

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Hace poco fuimos a ver cumplir el sueño de un primo. Su sueño era hacer un disco. Cuando lo logro hizo un concierto para darlo a conocer a su familia y amigos. Dentro de las canciones que él compuso estaba una dedicada a su hijo lo cual me inspiró para escribir el artículo de la semana. Yo no canto ni compongo canciones, pero si escribo. Por eso decidí hacerlo esta vez en calidad de mamá. Hoy no leí ningún artículo, ni pensé en temas que podrían ser interesantes. Hoy escribo en honor a mi hijo para celebrar su primer año de vida.

Creo que es muy cierto cuando se dice que hasta que alguien no lo vive por sí mismo, no entiende lo que se experimenta al ser mamá o papá. Aunque es imposible reflejar mi experiencia a través de palabras de manera exacta, creo que vale la pena hacer el intento.

Hace un año y nueve meses recibí el regalo de su vida en la mía (literalmente). Hace todo ese tiempo mi cerebro se modificó completamente; mi posición ante el mundo y mi percepción sobre la vida cambiaron. Juan Pedro ha hecho que me sienta más fuerte, con más carácter y con la seguridad de saber que por él estoy dispuesta a lo que sea necesario. A pesar de que la rutina es agotadora (eso nadie lo puede negar) me ha permitido sorprenderme de lo que puedo ser capaz. Mi faceta como mamá solo ha sido un motor que me ha llenado de aspiraciones, y de ganas de vivir la vida. Nunca antes me había sentido mejor.

El último año ha pasado extremadamente rápido, lo cual causa algo de nostalgia. Sin embargo he disfrutado cada momento con tanta intensidad que ese sentimiento se confunde con mucha felicidad y grandes expectativas de todo lo que nos espera vivir como papás. Nuestra vida cambió radicalmente pero cada cambio vale la pena. Desde hace un año, la ternura, la emoción, la preocupación y la felicidad tienen un sabor distinto, una intensidad especial. La risa ahora se presenta en una combinación de amor profundo y esperanza. Ahora entiendo lo que significa el amor incondicional.

Ojalá algún día Juan Pedro lea este blog y entienda de qué manera impactó mi vida y porqué ha sido un ángel en ella. Mientras eso pasa seguiré agradeciéndole a Dios y a la vida por la bendición de tenerlo y seguiré esforzándome todos los días por ser la mamá que él se merece.

Feliz primer cumpleaños Juan Pe. Gracias por escogerme!

Sobre la repsonsabilidad de elegir vivir con un propósito en la vida.

Como parte de mi trabajo acompaño sesiones  semanales con un grupo de niñas adolescentes. Cada miércoles nos quedamos una hora después del colegio para discutir temas que para ellas pueden ser relevantes en este momento de su vida. Ayer me correspondía a mí y a una compañera dirigir la sesión. Después de hablar de algo de teoría sobre salud mental, pensé que teníamos que dejarles un mensaje claro, una reflexión, tal vez nueva,  que pudiera quedarse como parte de sus recursos. Por esta razón decidí  hablarles de la importancia de ponerle sentido a lo que hacemos en la vida y de poder entender cuál es el significado que para cada uno tienen nuestras acciones.

El pensar en este tema me conecta directamente con un libro que se llama “El Hombre en Busca de Sentido”. Tal vez lo conozcan y si no, lo recomiendo. En este libro Viktor Frankl (sobreviviente del holocausto y fundador de una corriente en psicología llamada Logoterapia) cuenta su experiencia en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial.  A través de un relato que describe un escenario dramático envía un mensaje inspirador, duro pero inspirador. A pesar del sufrimiento que esta experiencia le causó, explica que no se venció porque decidió encontrarle sentido a dicho sufrimiento lo cual a su vez  le permitió conservar las esperanzas de querer seguir viviendo. Una de sus tesis es que a pesar de las circunstancias por las que se atraviesen, a un ser humano  no le pueden quitar la libertad de escoger la manera como ve dichas circunstancias y la posibilidad de crear un significado a partir de las mismas. En otras palabras (para ser más exacta en palabras que algún dia oí de mi padre) ante la adversidad no te preguntes ¿por qué? sino ¿para qué? ¿qué es lo que la vida pide de tí?

Lo anterior es un ejemplo extremo de lo poderoso que puede ser esta búsqueda de sentido o significado en la vida de alguien. Pero no creo que esta búsqueda sea útil únicamente en momentos de sufrimiento, o extremo dolor.  ¿Cómo transmitir este mensaje a un adolescente para que logre identificarse con él y pueda usarlo como recurso en su propia vida? Creo que es importante empezar diciéndole que la búsqueda de sentido se da tanto en acciones que incluyan aspiraciones muy altas como otras que se den en el día a día y que podrían llegar a tomarse como rutinarias. En palabras más concretas, la búsqueda de sentido puede estar tanto en descubrir que alguien se quiere dedicar a la política porque el poder impactar a la sociedad es significativo para esa persona, como en decidir no hablar mal de un amigo porque hacerlo significaría no ser fiel al principio de lealtad. Creo que hacerse  la pregunta de qué significado o sentido tienen  para uno las propias acciones, es un medio que lo mantiene enfocado en poder ser la persona que uno quisiera. Incluir estas reflexiones en el día a día puede ser  un “polo a tierra”.

Pensando en la impulsividad muchas veces característica de la adolescencia, podría ser valioso si poco a poco, y a medida que van madurando, este tipo de mensajes se empezaran a transmitir. Si van a tomar alcohol, lo van a hacer ¿porque todo el mundo lo hace? ¿Porque si? ¿Porque hasta no quedar inconsciente no vale? Preguntarse por el sentido de ciertas decisiones es pasar de actuar impulsivamente a establecer un filtro que haga un poco menos automático el proceso antre querer y hacer (lo cual  aplica para cualquier decisión importante que deban tomar). No hace mucho le hablaba sobre esto a uno de los niños con los que trabajo. Me di cuenta que lo había entendido perfectamente cuando me dijo “Claro es como una catapulta, no se puede disparar a la loca”. Me pareció una excelente metáfora sobre el punto que quería epxlicarle; a veces la catapulta necesita de un buen mediador que analice hacia donde va a disparar y que significa el hacerlo hacia esa dirección. Como todo en la vida esto se construye; los hábitos se consolidan con práctica. Si esto fuera un hábito al cual se le diera importancia en la forma como se educan a niños y jóvenes, posiblemente  sería un recurso adicional en la formación del carácter.

Uno de los mensajes que interpreto de la filosofía de Viktor Frankl es que es una responsabilidad del ser humano vivir la vida con un propósito y que cuando este no es claro, las decisiones pueden resultar equivocadas y el camino que uno quisiera construir puede verse desdibujado.  Para mí esto es poderoso y por eso creo que tiene mucho sentido que los papás o educadores podamos transmitir mensajes de este tipo a los niños y  jóvenes. No creo que todo en la vida deba ponerse  en términos existencialistas, hay cosas que simplemente suceden y no hay que sobrepensar (la catapulta a veces simplemente se acciona y punto). Sin embargo creo firmemetne que todo lo que pueda tener un impacto emocional importante o una repercusión para uno como ser humano, merece la pena ser pasado por el filtro del sentido o el significado.

¿Si usted tuvo experiencias con drogas cuando era joven, las compartiría con su hij@ adolescente?

8560990285_1cf15e4ee2Había estado pensando en sobre qué tema escribir esta semana y para ser franca sentía que estaba corta de ideas. Adicionalmente la noticia de la muerte de Hugo Chaves acaparó totalmente mi atención,  lo cual me distrajo temporalmente de mi propósito. Sin embargo luego de oír lo suficiente sobre el tema, empecé a navegar  en Internet sin ninguna idea concreta en mente y me encontré con un artículo bastante interesante y que a mi modo de ver trata un tema que puede llegar a suscitar diversas opiniones.

El artículo plantea la pregunta de si es positivo que los padres hablen sinceramente con sus hijos acerca de si tuvieron experiencias  con drogas siendo jóvenes. La conclusión de la autora es que al parecer les va mejor a los  que se reservan esta información.  La tesis general es que el intentar que los jóvenes aprendan del pasado “salvaje” (wild) de sus padres,  los puede llevar a sentirse más abiertos y con más permiso de experimentar.

Lindsay Abrams (autora del artículo), comparte como cuando era estudiante de bachillerato, llevaron a su colegio a un conferencista para hablar de su experiencia con su adicción a las drogas. Esta persona, en ese momento ya rehabilitada, habló durante 45 minutos sobre cómo probó y usó la marihuana y el alcohol cuando era adolescente.  Para describir sus experiencias usaba expresiones como  “Fue increíble” o  “Simplemente fue espectacular” haciéndolo ver como algo bastante interesante. Luego  concluyó su charla diciendo lo mal que terminó, cómo se convirtió en una versión muy enferma  de sí mismo y como perdió a su familia y estabilidad.

Cuando estaba leyendo esa parte del artículo me acordé de algunas discusiones que hemos tenido en el colegio donde trabajo, cuando queremos hacer algo a favor de la prevención del consumo de sustancias. Lo único que no queremos que nuestros niños interpreten es que a pesar de consumir drogas cuando se es joven, una vez la persona madura  y se vuelve adulta, puede recuperarse y todo funciona perfectamente.  Probablemente el mensaje que los compañeros de la escritora recibieron en ese momento fue que experimentar con las drogas vale la pena porque al final con un poco de trabajo la persona logra salir adelante y hasta convertirse en un exitoso conferencista que logra cobrar muchos dólares por hora trabajada y viajar por todo el mundo. Hay que pensar muy bien en el mensaje que se comunica sobre todo si estamos hablando de una audiencia adolescente.

Cuando tenemos un adolescente en frente, le estamos hablando a un  cerebro  inmaduro y en proceso de formación. En estos cerebros las áreas que regulan la búsqueda de placer y las sensaciones nuevas están más activas que las zonas del cerebro que se encargan de planear, de razonar y de la toma de perspectiva (las cuales están en proceso de desarrollo). Dicho lo anterior, ¿con qué parte del discurso del conferencista invitado, se identificaría más un joven? ¿Sería igual compartir experiencias con un adolescente de 14 que con un joven de 22?

En el artículo, Lindsay Abrams habla de un estudio de la revista Human Communication Research en el que compararon varios grupos familiares. Allí encontraron que el hecho de que  los padres mantuvieran comunicación abierta con los hijos  en cuanto al tema de las drogas promovía una actitud anti-drogas en ellos. Sin embargo vieron que cuando estas conversaciones incluían referencias a las experiencias de los padres, esta actitud anti-drogas tendía a reducirse. Los investigadores concluyeron que este tipo de confesiones pueden convertirse en mensajes contradictorios que los niños o adolescentes no pueden asimilar.

El tema puede  plantear muchos interrogantes. Creo que en su gran mayoría los padres tienen las mejores intenciones con sus hijos y en muchos casos en los que deciden compartir sus experiencias, lo hacen porque valoran por encima de todo la honestidad y porque creen que sus hijos podrían aprender de sus propias lecciones. No voy a sentar una posición hacia una dirección u otra, ni tampoco pretendo decir que creo que es lo correcto. La reflexión que hago al respecto es que es importante tener en cuenta lo que un niño o joven puede asimilar de acuerdo a la etapa del desarrollo en la que esté.  De ahí en adelante y teniendo en cuenta las lecciones que se le quieren dejar a los hijos,  hay que tomar decisiones y pensar (a veces estratégicamente) en qué canales de comunicación abrir.