TED Talk. Colin Stokes: How Movies Teach Manhood

En este video Colin Stokes habla sobre como las películas para niños envían ciertos mensajes sobre el ser hombre o mujer.
Stokes habla sobre el reto de criar hombres basándonos en otros paradigmas.
Muy interesante y refuerza las ideas que desarrollé en uno de los artículos pasados sobre como educar niños dejando atras paradigmas como el machismo.

¿Y qué tal si pensáramos que el fracaso es parte del éxito?

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No pude pensar en un mejor título para el artículo de esta semana. Tengo que reconocer que es casi una copia idéntica del título de un artículo del New York Times (What if the Secret to Success Is Failure?). Una vez habiéndome confesado empiezo…

En una oportunidad estuve escuchando a mi jefe hablándole a los padres de los niños más pequeños del colegio donde trabajo. Para iniciar la charla les pedía que se imaginaran a su hijo o hija siendo adulto y que voluntariamente  resumieran usando  una o pocas palabras, la cualidad más importante que como ser humano les gustaría que los caracterizara.  Independientes, exitosos, buenos seres humanos (esta me gustó), responsables, respetuosos y felices fueron algunas de las cosas que recuerdo. La charla terminó muy exitosamente y cada quien volvió a sus labores. Yo, me quedé pensando.

No me quedé pensando en esa charla únicamente por lo que los papás compartieron en ese día en específico. Lo uní a otros pensamientos que surgen gracias a mi día a día y a muchas otras reflexiones que comparto con las personas con las que trabajo o que salen de artículos que leo. En especial el “quiero que sean felices” que varios de los papás presentes mencionaron fue lo que mantuvo mi atención y generó posteriores reflexiones.

Que un hijo sea feliz es algo que todos los papás queremos; por ningún motivo quiero transmitir el mensaje de que la felicidad no debería ser una aspiración en la vida de los niños y de los seres humanos en general. Sin embargo también creo que esa aspiración no puede basarse en el anhelo de una felicidad permanente (precisamente hoy encontré una foto en Facebook que decía: si no tienes altibajos en tu vida quiere decir que estas muerto. Aunque Facebook no es una fuente muy  académica, creo que fue una agradable coincidencia).

A veces creo que con las mejores intenciones es esa felicidad permanente la que los padres quisieran para sus hijos y que basados en esta creencia desarrollan sus prácticas de paternidad. Mucho se ha escrito, discutido y debatido recientemente acerca de este tema. Para mi lo cierto es que hay una idea importante en todo esto. No podemos pretender evitarles a los niños experimentar la sensación de frustración. Si pensamos en contextos en donde los padres pretenden salvarlos de esta vivencia, la frustración se vuelve casi un privilegio, una necesidad para un sano desarrollo emocional de las personas.

Dominic Randolph es el director de uno de los colegios privados más prestigiosos de la ciudad de Nueva York. Además de los resultados académicos ha encontrado que no solo las habilidades académicas hacen parte del éxito de sus exalumnos. En una entrevista que el New York Times le hizo, habla de cómo se ha empeñado en estudiar e implementar maneras de formar competencias afectivas sanas en sus estudiantes.  Una de las conclusiones a las que llega en el artículo es que  en muchos de los colegios académicamente exigentes, existen carencias  importantes en los alumnos. Se refiere a la capacidad de luchar en medio de las crisis, de aceptar y convivir con las propias fallas y la disposición de trabajar en superar los obstáculos. Leer artículos como este solo me lleva a pensar en lo fantástico que sería que nuestros líderes en educación le pusieran especial atención a estos temas.

Creo que cuando Randolph habla de lo anterior se refiere a la capacidad que un ser humano debe desarrollar para tolerar la frustración. La frustración no es algo que se experimenta cuando se es adulto y lo “suficientemente maduro” para vivirla.  No podemos preparar a los niños para que enfrenten frustraciones mayores en la vida sin antes llevarlos de la mano para enfrentar las que cada etapa del desarrollo trae.  La frustración no puede esperar a la adultez, se tiene que vivir cuando no se entrega una tarea y la profesora pone una consecuencia, cuando se comete un error y se deja de recibir un privilegio o cuando se obtiene un resultado que no se esperaba. Cuando se intenta proteger a los niños y jóvenes de cualquier sentimiento incómodo que pueda conllevar un fracaso, estamos mandando mensajes equivocados sobre la vida. Cuando los salvadores ya no puedan ejercer más su rol el sentimiento puede ser tan abrumador, que puede hacer que la felicidad tan anhelada por estos parezca algo inalcanzable y pierda sentido.

No quiero decir que hay que crear situaciones de frustración como parte de las prácticas de crianza, ni tampoco que no se deben reconocer los logros de los hijos pensando en prepararlos para el mundo. Lo que si definitivamente quisiera decir es que por ningún motivo hay que salvarlos de dichas situaciones; hay que acompañarlos a levantarse luego de que se caen y ayudarlos a aprender de la caída.

¿Qué tan impactado está siendo mi hijo por la tecnología?

Hace poco tuve que responder a una entrevista en la que me preguntaban por  la adicción a la tecnología. El tema es bastante interesante y pertinente y por esto quise aprovechar algunas reflexiones que hice al respecto para compartirlas esta semana. Mi objetivo no es hablar sobre la adicción a la tecnología como tema general sino enfocarme más específicamente en el impacto que a nivel psicológico puede tener cierto uso de ésta en niños y adolescentes.

     La tecnología es parte fundamental de la vida de los niños y jóvenes y no creo que haya que satanizarla. Hoy en día significa facilidad en cuanto a las comunicaciones, múltiples opciones de aprendizaje, infinitas posibilidades  para conectarse con un mundo globalizado y un sin número de recursos innovadores. Si se hace un uso inadecuado de ella, también puede significar un riesgo de acceder a información inapropiada, la posibilidad de ver o leer sobre temas que en lugar de aportar pueden dañar, un tiempo de ocio mal administrado y en algunos casos la creación de una especie de realidad  “paralela” que podría entorpecer un sano desarrollo social y emocional. Dicho lo anterior considero que este debe ser un tema que debe incluirse dentro de las prácticas de paternidad actuales con el fin de que los hijos hagan un uso apropiado de ella.

     Cuando no se administra el tiempo de ocio adecuadamente es fácil que los niños  recurran a este tipo de entretenimiento para pasar el tiempo libre sin hacer mucho esfuerzo. Si esto ocurre los hábitos de estudio pueden verse afectados y por lo tanto también los procesos de aprendizaje. Las anteriores son cosas importantes que los padres deberían entrar a regular y monitorear; no obstante es el tema emocional y social el que más me llama la atención.

      Los diferentes medios que nos ofrece la tecnología nos han permitido acceder a maneras de conectarnos con otros seres humanos de maneras muy diferentes a las usadas anteriormente. Los adultos aprendimos las viejas maneras y nos adaptamos a las nuevas (aunque algunos borraron por completo las formas tradicionales de comunicarse con otras personas), pero los niños y jóvenes necesitan orientación en cuanto a cómo conectarse con otros seres humanos con un contacto que no sea virtual.

      No es infrecuente ver como a través de la tecnología, los adolescentes pueden asumir roles que no corresponden con su identidad, cómo en muchos casos pueden encontrar que se sienten más fuertes que los demás y se hacen daño (“cyberbullying”) y cómo adoptan formas bastante inadecuadas de resolver conflictos. Un ejemplo clarísimo de lo anterior son los escritos en forma de chat que tienen la longitud de ensayos, en los que se escriben expresando (por lo general de manera muy impulsiva) lo que piensan y sienten y que además comparten con el resto de sus amigos, por lo cual la conversación que en teoría era privada termina siendo motivo de opinión de varios y fuente de múltiples malinterpretaciones. La pregunta que muchas veces les hago cuando presencio estas escenas,  es si podrían expresarse de la misma manera teniendo a la contraparte cara a cara y por lo general la respuesta es negativa.  Otro ejemplo de un uso bastante inadecuado de la tecnología es el famoso llamado “sexting” (el compartir imágenes íntimas que en la mayoría de los casos son divulgadas masivamente por la Web) del cual se ha hablado recientemente en algunos medios.

      En un párrafo anterior decía que considero que el uso sano de la tecnología debe ser un elemento más a tener en cuenta por los padres hoy en día. Tal vez las lecciones son las mismas que se enseñaban anteriormente pero ahora adicionando esta variable. Si habláramos de conversaciones que tener con los hijos a medida que el día a día nos va mostrando oportunidades par hacerlo, podría pensar en las siguientes. Cómo desarrollar habilidades de comunicación efectivas y apropiadas que les permitan establecer y mantener relaciones, así como solucionar conflictos con otros, sin sentir la necesidad de tener un medio electrónico para sentirse empoderado para hacerlo. Otra importante, sería cómo entender el valor de la privacidad y el respeto por la intimidad, y por último cómo nunca subestimar el gran poder de hacer y hacerse daño que tiene la tecnología si se le da permiso.

     Sherry Turkle es psicóloga clínica y profesora de Estudios Sociales de Ciencia y Tecnologia en MIT y se ha dedicado a estudiar este tema. En uno de sus artículos de opinión en el New York Times (Abril de 2011) dice lo siguiente. “Vivimos en un universo tecnológico en el cual siempre nos estamos comunicando. Sin embargo hemos sacrificado la conversación por una básica conexión”.  Dice que la tecnología ha cambiado la manera como los seres humanos se relacionan unos con otros y la forma como construyen su propia identidad y que nos ha llevado a esperar cada vez menos de las relaciones humanas.

Tal vez nos ha hecho olvidar de que la naturaleza de estas relaciones es la complejidad  y que no hay una manera más fácil de vivirlas (tal cómo parece hacerlo ver la tecnología). Creo entonces que es necesario rescatar todos estos aspectos con los niños y jóvenes y ayudarles a ver las inmensas ventajas que traen los medios tecnológicos, pero también cómo estos pueden empobrecer nuestras posibilidades de realmente vincularnos con otros.

Este NO es un artículo feminista

Este tampoco es un artículo que apoya la llamada “liberación femenina” o una cátedra sobre moral. Este es un planteamiento que empieza por defender las diferencias que existen en cuanto a los roles de género pero que cuestiona ciertas tendencias de nuestra sociedad en cuanto a la educación y crianza de los niños y  las niñas.

Ser psicóloga me ha llevado a hacerme varias preguntas en cuanto al tema. Ser mamá me ha llevado a pensar bastante más en las respuestas. ¿La educación sexual para los niños, debe ser diferente que para las niñas? ¿qué tan acertado es pensar que son más aceptables o “mejor vistos” ciertos comportamientos cuando vienen de niños que de niñas? En este artículo, no pretendo dar respuesta a esas preguntas pero si plasmar algunas de mis reflexiones al respecto.

Los hombres y las  mujeres desde muy pequeños y a lo largo de su vida se comportan de maneras diferentes. Esto es innegable por varias razones. Una de ellas es que hay factores biológicos y psicológicos que nos codifican para hacerlo y otra es que a medida que crecemos aprendemos de otros seres humanos que modelan dichos roles. Personalmente creo que las diferencias de género son necesarias y que el objetivo de una búsqueda de equidad entre hombres y mujeres no debe ser el querer ser iguales los unos a los otros; las diferencias son indispensables. Sin embargo sí pienso que hay creencias que podrían revisarse al hablar de cómo se educa a las nuevas generaciones.

No es infrecuente que en las familias se hagan manejos bastante distintos dependiendo de si se trata de un hijo hombre o mujer. Está bien que una hija  llore, pero si es un hijo puede que haya pie a otras interpretaciones. No está tan mal visto que el hijo lleve a su novia a dormir a su casa (finalmente el mundo está cambiando), pero si es la hija esto se vuelve algo impensable. El hijo puede tomar mayores cantidades de alcohol, esto es signo de hombría y todos los hombres así lo hacen, si es la hija se ve muy mal y además una mujer borracha se expone a muchas cosas. El hijo tiene una larga lista de mujeres, la naturaleza del hombre es así, es mejor ponerle condones en la billetera porque uno nunca sabe; si es la hija que mal camino por el que va. En este contexto ¿Qué mensaje recibe una niña sobre los hombres y sobre ella misma? ¿Qué mensaje recibe un hombre sobre las mujeres?

Es claro que existen expectativas en cuanto al comportamiento de hombres y mujeres pero ¿no debería haber un común denominador en la educación de los jóvenes? No es mi papel decir que está bien y que está mal, o que es moral o inmoral, cada familia tiene su escala de valores y de acuerdo a esta actúa. Sin embargo creo que vale la pena atreverse a reflexionar sobre lo que ya está establecido  y considero que podría ser interesante el reevaluar prácticas machistas y empezar a guiarnos por criterios un poco más prácticos. Pienso que la educación debe basarse en aproximaciones que busquen como enseñarles a los jóvenes a desarrollar el criterio necesario para poder tomar decisiones buenas y sanas para ellos. Finalmente tanto una buena como una mala decisión tiene el mismo potencial de afectarlos, independientemente de si cuando niños jugaban con carros o con muñecas.

La comunicación con los hijos no debe ser una herramienta de emergencia

Hace unas semanas, en medio de un día de trabajo, me senté a almorzar con unas amigas y compañeras. En medio de la conversación, una de ellas empezó a contarnos acerca de las historias que le cuenta a su hijo de cinco años antes de irse a dormir. A su hijo le encanta “Mario Bros” y ella usa este personaje para desarrollar cuentos que tocan diferentes temas; Mario se vuelve un personaje muy polifacético. Sus historias terminan siempre con una enseñanza que juntos analizan al concluirse. Los cuentos de la noche para mi amiga se convierten en una oportunidad de enseñarle valores a su hijo.

Luego de esta conversación me quedé pensando sobre esto. Para mi amiga ese es su momento de enseñar valores, para mi  ella va mucho más allá y abona un terreno que muy seguramente le dará frutos cuando su hijo crezca.

¿Cómo un papá o mamá intenta entablar una comunicación con su hijo o hija adolescente sobre cómo no excederse con el alcohol, o sobre cómo tener una sexualidad responsable, cuando nunca antes esto se ha dado en su relación? Empezar a hacerlo cuando llegan a la vida de los niños los temas críticos, en mi concepto representa una respuesta de miedo y angustia para que su hija o hijo no se acerquen al riesgo.

Creo que esta es una respuesta válida por parte de los papás por el temor de que sus hijos se expongan a peligros o cometan errores irremediables. Sin embargo pienso en cómo los jóvenes reciben estos mensajes cuando esa no ha sido la costumbre y cuando lo repentino de los acercamientos pueden generar solo incomodidad para todos los involucrados. Puede ser que lo reciban como eso, como una respuesta desesperada frente al miedo y un intento incómodo de prevenir. Si esto es así el contenido valiosísimo de los mensajes se diluye entre la tensión y extrañeza de la escena.

¿Dichos mensajes tendrían un eco diferente si los canales de comunicación se empezaran a construir desde que el adolescente era un niño o niña? Me atrevo a pensar que en varios casos muy seguramente si. Muchos estarán pensado que los adolescentes no oyen a nadie o que no miden el riesgo. Probablemente tienen razón, pero sin duda tendrá más acogida un papá que a lo largo de la vida del niño se ha sentido seguro y cómodo hablándole a su hijo o hija que uno que siempre ha pensado en la comunicación con sus hijos como algo ajeno, extraño o algo que le corresponde a sus profesores.

Ahora, ¿mi amiga debería hablarle a su hijito de 5 años sobre sexo, drogas y alcohol? Claramente no. Pero sí puede hablarle sobre como cuidar su cuerpo, sobre que cosas son sanas y cuales no lo son y puede a través de sus palabras incentivar comportamientos positivos e infundar respeto por él mismo y los demás entre muchas otras cosas.

Aunque en la adolescencia los hijos parezcan alejarse de los padres, si en los años anteriores éstos han sido figuras cercanas y presentes, en esta etapa lo seguirán siendo (aunque sea de una manera diferente). Por todo lo dicho anteriormente creo que es una responsabilidad en la formación de buenos seres humanos, proponerse abonar este terreno desde una etapa temprana que si bien en la adolescencia pareciera se volviera menos fértil, estoy segura seguiría dando sus frutos. Cada día trae oportunidades de enseñar y comunicarse y entre más temprano se empiece, más fluirá la comunicación cuando los temas que haya que tocar sean más críticos.